jueves, 18 de noviembre de 2010

Vertebrados en peligro: Una de cada cinco especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces está amenazada en el mundo

La situación de los animales vertebrados, tanto mamíferos como aves, es mala, pero sería peor si los trabajos de conservación no estuvieran en marcha. Así lo señala un estudio publicado en 'Science', cuyos autores reclaman un mayor esfuerzo de toda la sociedad para frenar los cada vez mayores impactos en el medio ambiente. En España, la situación de los vertebrados tampoco es buena, como recuerda un estudio de la Fundación Biodiversidad.



Uno de cada cinco vertebrados en peligro


Los vertebrados son una parte esencial de la naturaleza: mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces engloban este heterogéneo grupo que tienen en común la posesión de vértebras. Por ello, si una de cada cinco especies de estos seres vivos está amenazada, se puede afirmar que la biodiversidad del planeta corre un grave peligro.


El dato es real y no lo dice cualquiera: un artículo publicado en 'Science', una de las revistas científicas de referencia. El trabajo muestra por primera vez una visión global de este amplio conjunto de animales, gracias a 174 investigadores de 115 instituciones científicas de todo el mundo y la ayuda de más de 3.000 colaboradores. Como base de información, sus autores han utilizado los datos de 25.000 especies catalogadas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).


El estudio asegura que, de media, 52 especies de mamíferos, aves y anfibios están cada vez más cerca de la extinción cada año. Ahora bien, el grado de amenaza no es el mismo para todos los grupos. Los anfibios son los más perjudicados: un 41% de las especies de la lista está en peligro. A continuación, figuran los mamíferos, con un 25%, los reptiles (22%) y las aves (13%). En cuanto a los peces, el trabajo distingue entre los cartilaginosos, amenazados en un 33%, y los óseos, en un 15%. Según los investigadores, la mayoría de los descensos son reversibles, pero en un 16% de los casos se han registrado extinciones.


La expansión de la agricultura, la tala de árboles, la sobreexplotación de los recursos naturales y las especies invasoras son las principales responsables de este deterioro, según el estudio.


Los trópicos, en especial el sureste asiático, son las zonas que concentran un número más elevado de animales amenazados. En este caso, la siembra de cultivos para su exportación, como la palma aceitera, las operaciones comerciales madereras, la sustitución agrícola por arrozales y la caza insostenible son los impactos más graves.


Diversas partes de Centroamérica, los Andes tropicales de América del Sur e, incluso, Australia también han sufrido importantes pérdidas, en particular debido al impacto del hongo chytrid, mortal en los anfibios.


Los trabajos de conservación son efectivos


Los datos son malos, pero podrían ser mucho peores, ya que también es el primer estudio que demuestra claras evidencias de que los diversos trabajos globales de conservación llevados a cabo en los últimos años han tenido efectos muy positivos. La biodiversidad se habría reducido al menos en un 16% si no se llegan a poner en marcha estas iniciativas medioambientales, indican sus autores.


El trabajo destaca 64 mamíferos, aves y anfibios que han mejorado su estatus gracias a estas acciones. Tres de ellos son especies declaradas extinguidas en estado salvaje y que pudieron introducirse de nuevo en la naturaleza: el cóndor de California y el hurón de pies negros, en EE.UU., y el caballo de Przewalski, en Mongolia.


Los trabajos de conservación han sido eficaces en particular para combatir a las especies invasoras en islas. La población mundial de las urracas de las Seychelles aumentó de menos de 15 aves en 1965 a 180 en 2006 a través del control de depredadores llegados de fuera, como la rata marrón, y de la cría en cautividad y los programas de reintroducción.


En América del Sur, la combinación de áreas protegidas y la ejecución de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) ha contribuido a la recuperación de la vicuña. De manera similar, la prohibición legal de la caza comercial de ballenas ha supuesto una mejora de especies como la ballena jorobada.


En cualquier caso, los responsables del informe recuerdan que representa sólo una estimación mínima del impacto real de la conservación y que un 9% de las especies amenazadas han incrementado sus poblaciones. Por ello, reclaman mayores esfuerzos para hacer frente a las cada vez mayores amenazas a la biodiversidad. La responsabilidad es parte de todos: instituciones, empresas y consumidores.


Vía consumer.es
01/11/2010

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