sábado, 25 de junio de 2016

Esta es la relación cerebral que hay entre fumar y perder el apetito

Es frecuente encontrarnos con amigos o parientes fumadores que nos hacen referencia a su falta de apetito. Como por arte de magia una vez que una persona comienza a tener este hábito pierde las ganas de comer y, lógicamente, comienza a bajar de peso.

Es interesante conocer algo que los científicos sospechaban sin haber podido explicar: existe una relación cerebral entre el fenómeno de la alimentación y el acto de fumar. Los experimentos realizados así lo confirman.

Al parecer la nicotina es la responsable de todo el proceso. Cuando esta sustancia llega al cerebro se produce una estimulación de neuronas en el hipotálamo que anuncia la satisfacción del organismo. La persona entonces no siente necesidad de comer. La comprensión de este mecanismo podría ayudar a crear tratamientos tanto para las personas fumadoras como para los que no tengan el hábito y estén pasados de peso.

Simultáneamente, los investigadores encontraron un fármaco que actuaba sobre ciertos receptores de la superficie neuronal. Los sujetos empleados -ratones blancos- comían menos si se les trataba con dicha droga, lo cual se explica porque los receptores estimulados activan a su vez las neuronas hipotalámicas encargadas de detener el apetito.




Los científicos verificaron que, si se les bloqueaba estos circuitos a los individuos no bajaban de peso aunque se les suministrara nicotina. Al mismo tiempo, descubrieron que estos receptores difieren de aquellos que activan las ganas de fumar.

El resultado sugiere que las zonas de supresión del apetito podrían ser estimuladas a favor o en contra, sin tener que acudir a las áreas de recompensa nicotínica de los fumadores.

Este es indudablemente un hallazgo valioso que podría ayudar a que las personas mantengan un peso corporal saludable, independientemente de si han sido fumadores, presentan problemas de obesidad o, incluso, padecen trastornos metabólicos. Sin embargo, los expertos advierten que habría que estudiar primero el impacto de cualquier tratamiento basado en la nicotina en otros procesos del organismo humano, como puede ser la presión sanguínea.


Con información de: Agencias | Culturizando 

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